Es importante conocer los síntomas de la parálisis facial ya que esto permitirá obtener un diagnóstico y tratamiento oportunos. Igualmente, conviene conocer los tipos de esta afección que involucra la función del nervio facial.
A nivel global, de cada 100.000 personas, se estima que anualmente entre 15 y 40 presentan parálisis facial cada año. Esto, sin importar su ubicación geográfica, su raza o su sexo. En la mayoría de los casos afecta a personas mayores de 65 años.
Más allá de su prevalencia, esta enfermedad representa una condición angustiante; por ello en este post del Centro de Neurología Avanzada exponemos aspectos importantes de la parálisis facial: sus síntomas, causas, clasificación y su tratamiento. ¡Comencemos!
¿Cuáles son los síntomas de la parálisis facial?
A continuación exploramos los síntomas de la parálisis facial, o de la parálisis facial periférica, que es el tipo de parálisis más frecuente. Esta ocurre por inflamación u otras lesiones en el nervio facial, fuera del cerebro.
Los daños del nervio facial afectan sus funciones y ocurre la pérdida total o parcial del control voluntario de los movimientos musculares de un lado de la cara; aunque, en casos menos frecuentes, la parálisis puede comprometer ambos lados del rostro.
Los síntomas de la parálisis facial pueden variar de un caso a otro; pero, en general, incluyen los siguientes déficits funcionales:
- Debilidad muscular o parálisis que afecta la boca, la mejilla, la frente y el párpado de un lado de la cara.
- Dificultad para fruncir el ceño, levantar la ceja, o cerrar completamente el ojo del lado afectado; los cuales también son síntomas iniciales de la parálisis facial.
- Asimetría facial.
- Alteraciones en la capacidad de hablar, comer, sonreír y en la capacidad de respirar normalmente por la nariz.
- Alteraciones del gusto y sequedad ocular: dos peculiares síntomas de una parálisis facial.
- Babeo por alteración del músculo orbicular de la boca.
En cuanto a la parálisis facial y sus síntomas previos, conviene resaltar que suele presentarse un cuadro catarral banal, dolor en la mandíbula o detrás de la oreja del lado afectado.
Se debe prestar especial atención a señales como un bulto en la mejilla o alrededor de la oreja, así como a una sordera repentina.
Estos pueden ser síntomas de una parálisis facial por tumor o por otras lesiones a nivel cerebral, en cuyo caso estaríamos ante una parálisis facial central.
Asimismo, se debe tener en cuenta que, si los síntomas anteriormente descritos son precedidos por un cuadro de ansiedad o fatiga extrema, puede tratarse de síntomas de una parálisis facial por estrés.
Causas de la parálisis facial
Existen diversas situaciones que pueden inflamar, comprimir o lesionar el nervio facial y causar una parálisis. Las infecciones virales, traumatismos craneales o tumores cerebrales figuran entre las posibles causas.
Asimismo, la otitis, herpes labial, varicela, culebrilla, rubeola, parotiditis, influenza B, mononucleosis infecciosa, enfermedades autoinmunes y ciertos trastornos neurológicos pueden provocar una parálisis facial.
Tratamiento de la parálisis facial
El tratamiento de la parálisis facial depende de cuál de los dos tipos de la enfermedad está presente, lo que depende de la causa que la origina.
Tratamiento para la parálisis facial periférica o parálisis de Bell
Cuando se trata de la parálisis facial periférica y su tratamiento, este contempla la administración de antivirales y corticoides para disminuir la inflamación o compresión del nervio facial.
Tratamiento de la parálisis facial central
Tratar la parálisis facial central, la cual implica daño cerebral, en muchos casos requiere de tratamientos neurorehabilitadores.
Igualmente, puede requerirse cirugía, apoyo psicológico y emocional, fisioterapia neurológica, terapia ocupacional y logopedia.
Estas acciones buscan mejorar la conmoción emocional asociada a la enfermedad, el movimiento y la fuerza de los músculos faciales afectados.
Asimismo, el tratamiento promueve el desarrollo de habilidades para beber, comer y otras actividades relacionadas con el lenguaje.
Conclusión
Los síntomas de la parálisis facial, sus causas, tipos y tratamiento, son temas inherentes a un trastorno neuromuscular que genera mucha angustia; aunque, tratado adecuadamente, no acarrea riesgos significativos para el paciente.
Se trata de una enfermedad que, de forma total o parcial, impide mover los músculos de la cara voluntariamente. Esto, como consecuencia de una inflamación, compresión u otro daño del nervio facial.
La perturbación en las funciones de transmitir señales y órdenes que cumple el nervio facial también puede tener su origen en daños en la zona cerebral que controla los movimientos faciales.
Estas dos posibles causas de la parálisis facial condicionan su tratamiento. Un examen médico exhaustivo indicará si se trata de síntomas de parálisis facial periférica o de una parálisis facial central.
En la mayoría de los casos, el tratamiento logra que los pacientes se recuperen totalmente en pocos meses o, al menos, tengan una mejoría significativa alrededor de la cuarta semana de iniciar la enfermedad. Si estás presentando los primeros síntomas de una parálisis facial, no dudes en ponerte en contacto con nosotros ahora mismo.
En el CNA, un equipo multidisciplinario está listo para restablecer la normalidad funcional, estética y psicológica que puede verse afectada por esta enfermedad. ¡Te esperamos!
Preguntas frecuentes
¿Cómo se diagnostica la parálisis facial?
El diagnóstico se basa en la historia clínica del paciente, un examen físico y neurológico, así como en pruebas de sangre y estudios de imagen como la resonancia magnética o la tomografía computarizada, entre otros.
¿Qué se debe evitar si se tiene parálisis facial?
Se debe evitar la automedicación y acciones como soplar con fuerza, ya que pueden generar tensión en los músculos faciales. También deben evitarse terapias como la acupuntura o los masajes faciales sin la autorización previa del médico.
¿Cuáles son los síntomas de mayor alarma en una parálisis facial?
Se debe consultar al médico sin demora cuando la parálisis es progresiva y lenta, empeora tras una aparente mejoría o persiste después de tres meses. También es motivo de atención urgente la presencia de dolor facial persistente.