“Tener epilepsia no aumenta el riesgo de contraer coronavirus”, según el doctor Uranga

“Los tratamientos en el CNA consiguen controlar los síntomas del 70% de los pacientes con Epilepsia”

Esta enfermedad que celebra el 26 de marzo el Día Púrpura, en apoyo a personas que padecen de Epilepsia, afecta en España a 400.000 personas y a 50 millones en todo el mundo. Diagnosticándose anualmente 2.4 millones de casos nuevos.

¿Cuáles son las causas que producen la epilepsia?

Las causas de la epilepsia varían con la edad, se pueden producir crisis en una etapa determinada de la vida y con el tiempo cesan, como en el caso de las epilepsias benignas de la infancia, estas van a ser las únicas epilepsias que se curan, la gran mayoría de las epilepsias van a ser crónicas. 

En cualquier caso, no debe olvidarse que la aparición de crisis en una persona no siempre resulta de una evidente relación causa-efecto. Aunque existe la creencia popular de que la epilepsia se hereda no suele ser así, estas son una minoría. Una etiología frecuente a edades tempranas son las displasias corticales o malformaciones del desarrollo cortical, habitualmente produciendo una epilepsia de difícil control. 

Por otra parte, cualquier lesión que afecte a la corteza cerebral puede producir epilepsia, desde la falta de oxígeno al nacer o anoxia cerebral, los traumatismos craneoencefálicos, malformaciones vasculares, tumores cerebrales, infecciones del sistema nervioso tipo meningitis, encefalitis o abscesos, los trastornos metabólicos, la exposición a tóxicos, los ictus y las demencias.

 

¿Es más fácil controlar la enfermedad conociendo la causa que la ha provocado, o el origen de la enfermedad no supone diferencias significativas frente a la respuesta al tratamiento?

 

Si, dependiendo de la causa que la produzca va a ser más fácil o más difícil controlar la epilepsia, las displasias corticales o malformaciones del desarrollo cortical y la esclerosis de hipocampo van a producir epilepsias de más difícil control, solo un 10-20% de estas epilepsias se van a controlar con los fármacos, por ello, cuando se diagnostican no debemos esperar mucho, en un año tenemos definida si no ha respondido al tratamiento la opción de plantear cirugía, en niños, si en 6 meses no están controladas las crisis y estamos ante este tipo de lesiones malformativas se debe plantear la cirugía para intentar evitar el deterioro cognitivo que condiciona la recurrencia de crisis y la toma de tratamientos antiepilépticos. 

Las epilepsias de debut muy temprano en el niño suelen controlarse peor, sin tener en consideración las epilepsias benignas de la infancia, van a tener más probabilidad de no responder a los fármacos que las epilepsias de los pacientes de edad avanzada. 

 

¿Existe la posibilidad de sufrir una crisis epiléptica aislada y no ser epiléptico y el episodio no se vaya a volver a repetir?. Si es así ¿Qué factores pueden desencadenar una crisis epiléptica en una persona que no tiene esta enfermedad?

 

Así es, podemos tener una crisis epiléptica aislada y no poder definirse una epilepsia, la epilepsia se define como crisis recurrentes no provocadas, es decir, qué si una persona tiene crisis epilépticas por una bajada del nivel de sodio en sangre secundario a la toma de un fármaco, no se puede definir una epilepsia, se llaman “crisis agudas sintomáticas” y no precisa tratamiento antiepiléptico a largo plazo. 

Otros factores como la toma de tóxicos o la fiebre en niños menores de 5 años produce crisis sin llegar a definir una epilepsia.

 

Existe asociación entre epilepsia y depresión. ¿Debe el neurólogo incidir en la detección de la depresión en el epiléptico y en su tratamiento?

 

Actualmente se propone la existencia de una asociación bidireccional entre la depresión y la epilepsia debido a que el riesgo para padecer uno de los trastornos aumenta en presencia del otro. Esto se debería a mecanismos patogénicos en común entre ambas enfermedades. 

Existe una alta prevalencia de la depresión entre los pacientes epilépticos, mayor de un 50%, los clínicos siguen identificando escasamente este trastorno. No solo los pacientes con epilepsia tienen mayor riesgo de contraer depresión, sino que también los pacientes con depresión tienen un riesgo 4-7 veces mayor de sufrir epilepsia.

La depresión precederá al comienzo del trastorno convulsivo en algunos casos y en otros aparecerá luego, pero independientemente de en qué momento ocurran, afectarán negativamente a la calidad de vida, el pronóstico de la epilepsia, el funcionamiento general del paciente y su expectativa de vida.

Por esto se propone que, al momento del diagnóstico de epilepsia, se realice una evaluación psiquiátrica completa que permita identificar apropiadamente los antecedentes psicopatológicos personales y familiares del paciente además de explorar la presencia de síntomas afectivos y definir si requieren psicoterapia y/o farmacoterapia.

Al momento de elegir medicamentos anticonvulsivos o antidepresivos, se debe optar por medicamentos con adecuado perfil para la epilepsia y la depresión y finalmente tamizar sistemáticamente la depresión (mínimo 1 vez al año) y cuando haya recaídas sintomáticas tanto epilépticas como afectivas.

En cuanto al riesgo suicida de las personas con epilepsia, se ha encontrado que es hasta 10 veces mayor que en la población general. Esto se ha relacionado con las altas prevalencias de ideas suicidas (36,7%), planes suicidas (18,2%) e intentos suicidas (12,1%) de estos pacientes que se han reportado.

 

¿Podría decirnos si hay alguna asociación entre epilepsia y enfermedad de Alzheimer?

Las crisis epilépticas generalmente fueron reportadas en estadios tardíos de la enfermedad de Alzheimer; en general la prevalencia de epilepsia es baja en pacientes con demencia, sin embargo, los pacientes con enfermedad de Alzheimer familiar tienen mayor riesgo de desarrollar crisis epilépticas aún en estadios tempranos de la enfermedad. 

Por otro lado, la epilepsia del lóbulo temporal podría generar per sé compromiso de memoria.

Es importante reconocer e iniciar tratamiento temprano en pacientes con Enfermedad de Alzheimer y epilepsia para evitar un mayor deterioro cognitivo y mejorar la calidad de vida de estos pacientes. 

 

La epilepsia es una enfermedad crónica e incurable y los tratamientos actuales consiguen controlar los síntomas de aproximadamente el 70% de los pacientes. ¿Cómo se puede ayudar al 30% restante que no responde adecuadamente a los fármacos?

Efectivamente la epilepsia no podemos curarla con fármacos, solo tratarla. Afortunadamente los avances son contínuos en el campo de la epilepsia a diferencia de otras disciplinas de la neurología. A pesar de contar con una farmacopea de más de 25 fármacos para tratar la epilepsia, no disponemos de fármacos para curarla, solo el 70% de los pacientes se van a controlar con los dos primeros fármacos que prueben y la probabilidad de controlar sus crisis en los casos en los que no funcionan los dos primeros fármacos está por debajo del 3%. Los nuevos fármacos han aportado una mejor tolerabilidad sin conseguir mayor eficacia.

Este 30% de pacientes que no responden a los fármacos deben ser evaluados en Unidades de Cirugía de Epilepsia, solo un porcentaje de ellos van a ser candidatos a una cirugía con fines curativos, entre 5 y 10%, otro porcentaje será candidato de cirugía paliativa con estimuladores vagales, estimulación cerebral profunda o técnicas quirúrgicas de desconexión como la callosotomía o las transecciones subpiales múltiples.

El porcentaje restante que puede estar por encima del 15% deberá buscar opciones en ensayos clínicos en unidades como la de Centro de Neurología Avanzada (CNA).

 

¿Se puede tratar quirúrgicamente la epilepsia? ¿Cuándo está indicada, en qué consiste la intervención y qué supone este tratamiento en la lucha contra esta enfermedad?

Como estamos comentando la cirugía es una realidad en el paciente con epilepsia refractaria a los fármacos, se debe localizar la zona donde se originan las crisis denominada zona epileptogénica, que es la que se debe resecar para dejar al paciente sin crisis, esto es posible en las epilepsias de inicio focal, en una zona del cerebro, no en las epilepsias generalizadas, que solo podrían beneficiarse de las técnicas de cirugía paliativa. 

La cirugía está indicada en los casos de epilepsias focales en los que se puede localizar la zona que genera las descargas eléctricas anormales, que tras un año de tratamiento no han respondido a dos fármacos antiepilépticos o a una combinación de dos fármacos. 

La mayoría de las técnicas quirúrgicas consisten en una cirugía abierta con muy bajo riesgos de mortalidad (menor del 1 %) y complicaciones, se trata de una cirugía electiva, es decir, no obligatoria, y tenemos que estar seguros el equipo de epilepsia que no vamos a generar un perjuicio o secuelas mayores. 

Son cirugías que habitualmente requieren poco tiempo de ingreso y recuperación, en unas 2-3 semanas el paciente puede recuperar su actividad previa y no suelen precisar de más de 3-4 días de ingreso. 

En el caso de niños, cuanto antes se realice la cirugía, si está indicada, mejor, ya que el cerebro del niño es más plástico que el del adulto y con más probabilidad de recuperar secuelas que se pudieran presentar y menor riesgo de deterioro cognitivo asociado a la recurrencia de crisis y efecto de los fármacos antiepilépticos.

La cirugía mediante ablación por láser la podemos realizar en CNA, aunque los resultados están por debajo de los de la cirugía abierta, se limita su indicación a lesiones pequeñas profundas, con difícil acceso como la esclerosis de hipocampo en pacientes que no quieren exponerse a cirugía abierta convencional o en caso de pequeñas malformaciones cerebrales de difícil acceso quirúrgico.

La cirugía es un trabajo donde participa todo el equipo de profesionales de la Unidad de Epilepsia, el epileptólogo, neurofisiólogo, neurocirujano, enfermería especializada, neuropsicólogo, psiquiatra y neuroanestesistas. Durante el acto quirúrgico en muchas ocasiones se debe realizar un trabajo de precisión para localizar exactamente donde se localiza el área epileptogénica y se deben realizar electroencefalogramas directamente sobre el cerebro con un equipamiento especial.

 

Se calcula que un 25% de las crisis epilépticas pasan inadvertidas en España. ¿Cómo se puede mejorar esta cifra? (aquí se puede hablar de los avances en diagnóstico y tratamiento)

Las crisis epilépticas no siempre se expresan con convulsiones y son fácilmente reconocibles, en muchas ocasiones se presentan de forma muy variada y difícil de reconocer por el paciente y por médicos no neurólogos; episodios ansiosos breves y estereotipados,  episodios de vómitos, sacudidas en miembros con conciencia conservada, episodios de risa o llanto inmotivado,  pensamientos forzados……esto puede hacer que durante años muchos pacientes no se diagnostiquen y traten de forma adecuada con consecuencias negativas sobre la memoria, atención y cognición en general. 

Los electroencefalogramas convencionales pueden ser normales en muchas epilepsias y se necesita de estudios más prolongados de monitorización Video EEG en Unidades de Epilepsia con personal experto para un correcto diagnóstico. 

En CNA contamos con una Unidad en Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz con 3 camas de monitorización video EEG prolongado con equipos de alta resolución y última generación.

También el desarrollo de nuevos equipos de resonancia magnética con imanes potentes de hasta 7 teslas nos van a permitir diagnosticar pequeñas malformaciones cerebrales epileptógenas que con las técnicas convencionales de resonancia no se pueden localizar. 

 

¿Cómo está afectando la pandemia COVID 19 al paciente con epilepsia?. ¿Las personas con epilepsia tienen un mayor riesgo de padecer el coronavirus?. ¿Qué factores pueden aumentar el riesgo del COVID-19 para una persona con epilepsia?

 

Los datos disponibles sugieren que tener epilepsia no aumenta el riesgo del coronavirus, no aumenta la gravedad de la enfermedad por coronavirus, no hay evidencia de que las personas que solo tienen epilepsia tengan un sistema inmunológico debilitado. Estas personas no se deben considerar «inmunocomprometidas» y su sistema inmunológico no es inmunodeficiente por tener crisis epilépticas. 

 

Es posible que estén tomando medicamentos para controlar las convulsiones que también afectan su sistema inmunitario (por ejemplo, ACTH, esteroides, everolimus , inmunoterapias). Es importante tener en cuenta que la mayoría de los medicamentos anticonvulsivos no afectan el sistema inmunitario.

 

Las crisis epilépticas no son un síntoma del COVID-19. Quizás en la etapa final de la enfermedad del COVID19 grave, puede ocurrir daño a otros órganos del cuerpo, incluido daño cerebral. Esto sucede con otras infecciones respiratorias también. En estas circunstancias, podrían producirse crisis epilépticas con el COVID-19 en una persona sin epilepsia.

 

Cuando una persona con epilepsia se enferma con otra enfermedad, especialmente con fiebre, puede ver un cambio o un aumento en sus crisis epilépticas. La enfermedad es un estresor físico y emocional para el cuerpo que podría hacer que las crisis epilépticas sean más probables. Lo mismo sucede si alguien está enfermo con el COVID-19. Sin embargo, la información temprana de los países donde se han producido brotes sugiere que el riesgo de empeorar las crisis epilépticas con el COVID-19 parece bajo para la mayoría de las personas con epilepsia.

 

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