El Alzheimer, una enfermedad que sigue sin tener cura

Este lunes 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer y La mañana de Andalucía ha contactado con un prestigioso especialista el neurólogo Juan José Rodríguez Uranga, co-director del Centro de Neurología Avanzada y jefe del Servicio Neurociencias de Hospital Viamed Santa Ángela De la Cruz. El doctor Rodríguez Uranga ha dado las claves para luchar contra esta grave enfermedad que afecta «entre el 5 y el 10% de las personas de 65 años pero llega al 50% a partir de los 95 años» y lo primero que ha advertido es que «no contamos con tratamientos que curen la enfermedad, pero sí que la ralenticen así que cuanto antes la detectemos, mejoraremos su pronóstico y ofreceremos una mejor calidad de vida».

Y para esa detección precoz ha ofrecido algunas pistas que nos van a indicar que la enfermedad está latente: «Cuando falla la memoria a corto plazo y la orientación, estamos ante la enfermedad», ha comentado este neurólogo que a situado «en un 30%» la posibilidad de padecer la enfermedad cuando se tienen antecedentes familiares frente al 10% de quienes no tienen antecedentes.

Además de no tener cura, «no existe posibilidad de prevenirla», aunque Rodríguez Uranga admite que «sí hay factores modificadores para que se desarrolle más tarde» y que pasa, según este experto, por «la actividad física, el control de la diabetes, el tabaquismo, la obesidad o los trastornos de ánimo que predisponen a la enfermedad».

Fuente: https://www.canalsur.es/radio/el-alzheimer-una-enfermedad-que-sigue-sin-tener-cura/1629121.html

El Dr Márquez, Neurocirujano de CNA, coordina la parte neuroquirúrgica de este equipo de investigación.

Investigadores andaluces identifican células madre que podrían mejorar el déficit cognitivo de los bebés prematuros

  • Se hallan en el líquido cefalorraquídeo y han demostrado capacidad para restaurar las células nerviosas que se destruyen durante la hemorragia intraventricular (IVH)

Un grupo de investigadores andaluces han identificado células madre neurales que podrían ayudar a mejorar el déficit cognitivo que se produce en bebés prematuros con hemorragia intraventricular (IVH) severa. Los investigadores pertenecen al grupo de Neurociencia Aplicada del Instituto de Investigación Biosanitaria de Sevilla (IBIS) – Hospital Universitario Virgen del Rocío (HUVR), y a la Fundación Progreso y Salud, ha informado la Junta en un comunicado.

Este síndrome, que según los expertos afecta entre al 15 y al 40% de los bebés prematuros, se asocia con frecuencia al desarrollo de hidrocefalia post-hemorrágica y déficits neurológicos graves como parálisis cerebral y retraso mental. Durante la IVH se produce una pérdida de células madre neurales lo que afecta al desarrollo del cerebro durante su crecimiento. Esta pérdida incide directamente en procesos como la neurogénesis (generación de nuevas neuronas) y la gliogénesis (generación de células de la glía, necesarias para mantener las capacidades de señalización de las neuronas y la correcta formación de sinapsis, es decir, la transmisión del impulso nervioso).Los investigadores han demostrado que, mediante un procedimiento neuroendoscópico, se pueden recuperar las células madre neurales del líquido cefalorraquídeo de los bebés prematuros con IVH. Estas células, a las que han llamado células madre neurales de la zona germinal (Gz-NSC), se pueden expandir y mantienen la capacidad de diferenciarse a los tres tipos de células nerviosas (neuronas, astrocitos y oligodendrocitos).Esta novedosa clase de células madre neurales de la zona germinal, podría ser útil para el desarrollo de una terapia autóloga para recién nacidos prematuros, con el objetivo de restaurar la producción de células nerviosas y atenuar los déficits neurocognitivos. Actualmente se está trabajando en caracterizar en detalle la seguridad y eficacia de las células para desarrollar una terapia celular autóloga para casos de bebés prematuros extremos con IVH severa.La investigación, liderada por miembros de la Unidad de la Red Andaluza de Diseño y Traslación de Terapias Avanzadas y de Neurología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, ha contado con la colaboración de investigadores de la Universidad de Málaga, de la Universidad Milano-Bicocca de Italia y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge.

Dentro del insomnio Un tercio de los españoles no duerme bien. Los trastornos del sueño alteran la vida diaria y pueden hipotecar la salud.

Dos, tres, cuatro, cinco horas dando vueltas en la cama. En la cabeza se arremolinan miles de pensamientos: ponte boca arriba, saca la pierna, ahora quédate quieto, ¿por qué no dejas la mente en blanco?, recorre tu cuerpo con un ojo imaginario, sitúate en una playa paradisiaca. Cuenta ovejas, o meteoritos, o repasa la trama del último capítulo de la serie que viste. Pero nada vale. Solo queda levantarse, cambiar de estancia, distraerse un rato y volver a la cama para reanudar la batalla. Con una sola certeza: el insomnio ha vuelto a vencer. El día siguiente será horrible.

¿Quiénes son los insomnes?

Muchos españoles viven a diario estas escenas. Las causa el insomnio, un diagnóstico clínico para el que no existen marcadores biológicos. Según los últimos estudios de la Sociedad Española del Sueño (SES), un tercio de la población española lo sufre ocasionalmente y alrededor de un 12% lo padece de forma crónica.

«Hablamos de insomnio cuando una persona tarda mucho en dormirse, se despierta varias veces por la noche o lo hace antes de lo deseado y considera que su sueño es de mala calidad o no reparador», define la doctora Odile Romero, neurofisióloga y coordinadora del grupo de insomnio de la SES. «Si sucede tres veces a la semana durante más de tres meses podemos hablar de un problema crónico». Todo ello supeditado a que haya afectación diurna, recalca la experta. La ansiedad, la irritabilidad o el cansancio extremo son algunos de los efectos más frecuentes.

Lucía Pro tiene 27 años, está estudiando unas oposiciones a judicatura y es insomne crónica. Dice no dormir bien desde que es capaz de recordar. «Empezó antes de que tuviera memoria o conciencia», explica. «De pequeña me lo tomaba muy mal. Me daba ansiedad tener insomnio, ir a casa de amigas y no poder dormirme. Esas cosas».

Ahora atraviesa una buena racha. Las oposiciones le ordenan los horarios y tiene una rutina fija. Pero recuerda noches dando vueltas hasta las cinco de la mañana. «Al día siguiente rindo fatal, estoy de mal humor… y además esas noches desencadenan rachas».

Hipotecar la salud

Los efectos del insomnio no solo se miden en el malestar a corto plazo que expresa Lucía. Hoy uno de los aspectos más estudiados es su relación con otras enfermedades. «La privación del sueño se relaciona con trastornos metabólicos y enfermedades endocrinas. También está relacionada con una prevalencia de hipertensión y de factores de riesgo cardiovascular», detalla la doctora Romero, que dirige la unidad multidisciplinar de sueño en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

Recientes estudios apuntan a que el insomnio, a la larga, podría favorecer la aparición de enfermedades neurológicas como el alzhéimer. «Hay un depósito de proteína amiloide que se observa en pacientes privados de sueño. Eso ayuda a la aparición de esa clase de demencias», detalla Romero.

Por no hablar de las funciones restauradoras del acto de dormir, que consolida los recuerdos y ayuda al cerebro a discernir qué información es superflua y cuál ha de almacenar. Según un estudio de la estadounidense Universidad de Wisconsin-Madison, atravesar las diferentes fases del sueño sin interrupciones favorece la actividad de oligodendrocitos, las células que se encargan de proteger las neuronas. La ausencia de sueño, por contra, estimula los genes relacionados con la muerte celular y el estrés.

Mil maneras de no dormir

Lucía tarda horas en cerrar los ojos. Ella padece un insomnio de conciliación, uno de los tres tipos predominantes de este trastorno. Los otros dos son el despertar precoz (cuando nuestro sueño acaba antes de lo que debería) y el insomnio de mantenimiento (cuando uno se despierta varias veces por la noche).

«Pero un problema de conciliación por estrés puede llevar, por desesperación, a uno de despertar precoz. Hay muchos insomnios mixtos», amplía Hernando Pérez Díaz, neurólogo y coordinador de la unidad multidisciplinar de trastornos del sueño y la vigilia del Centro de Neurología Avanzada.

Elena Díaz, madrileña de 29 años, es médica y desde niña no puede mantener el sueño. Se despierta una media de seis veces por noche. Son interrupciones breves, al poco se vuelve a dormir. Pero alguna vez ha contado hasta 12. Tres son un triunfo. «Nunca he dormido una noche del tirón. No me lo creo cuando la gente me lo dice», relata. «Me despierto más triste, más cansada, más irritable. A veces he tenido la sensación de no haber dormido en toda la noche. Me quedo como en duermevela».

Un adulto joven duerme unas ocho horas de media, alrededor de un 20% menos que hace unas décadas. «La fase tres del sueño es la más reparadora. Con esas cuatro-cinco horas de sueño una persona se podría mantener viva», explica el doctor Pérez Díaz. «La diferencia la pagamos en bienestar: nos deprimimos, nos irritamos, no podemos con el día».

«Nunca he ido a tratármelo», admite Lucía. Tampoco Elena. Como muchos otros insomnes, han ido capeando el temporal como han podido. Simplemente conviven con ello.

 

¿Se puede remediar?

La gran mayoría de hospitales públicos de España cuentan con unidades especializadas en sueño. Aglutinan distintas especialidades para tratar el amplio espectro de lo que nos sucede por la noche. Hay neurólogos, psicólogos y psiquiatras, pero también maxilofaciales, odontólogos, otorrinos y neumólogos. Además de los variados trastornos del sueño que existen, acometen  dolencias aparentemente ajenas al dormir, como el bruxismo, las apneas o el síndrome de piernas inquietas.

Según los expertos, el método más recomendado para resolver un insomnio es la terapia cognitivo-conductual, una especie de reeducación del sueño en la que el paciente ha de seguir varias medidas de higiene, combatir ideas erróneas sobre su trastorno («esto no tiene solución», «es que siempre fui de mal dormir») y recuperar el vínculo entre descanso y cama, un lugar a veces maldito para los insomnes. «Cada caso es un mundo», subraya la doctora Romero. «Por eso el tratamiento, aunque parte de unas bases, es un traje a medida. Si uno tiene la imperiosa necesidad de tomar café, pues se negocia».

«Observamos tasas de respuesta de cerca del 70%», retoma el neurólogo Pérez Díaz. «Es es el método que más previene la recurrencia. Aquellos que están dentro de ese 70% y que al final han asumido y entendido en qué consiste su insomnio, y lo han combatido, es muy factible que no recaigan».

Lo que más ha ayudado a Lucía es la repetición. Irse a la cama a la misma hora cada día. «Últimamente tengo un poco de vicio de ponerme una serie antes de dormir», reconoce, pese a saber que contraviene las recomendaciones de los expertos en cuanto a estímulos luminosos. A Elena lo que más le ha perjudicado es la ausencia de rutinas. «Las guardias me descolocan muchísimo. Tardo varios días en recuperarme». Aparte de esporádicas visitas al psicólogo, en las que además el insomnio no ha sido el motivo esencial de consulta, ninguna de las dos ha acudido a otros especialistas.

Si lo hubieran hecho, el primer paso habría sido recurrir a la atención primaria pública, el sistema que en la práctica acaba asumiendo la gran mayoría de los casos de insomnio. Clínicas privadas aparte, las unidades especializadas no pueden absorber el caudal de trastornos del sueño. Las terapias de reeducación requieren de medios. «Son necesarios profesionales formados y tiempo. Pero hay muy pocos centros y no cubren ni por asomo la demanda de la población», tercia el doctor Pérez Díaz.

Es el médico de cabecera el primer y a veces también el último especialista que lidia con el insomne. «No hay recursos para aplicar un tratamiento personalizado para cada paciente. Y no hay a quién derivar», abunda Enric Zamorano, médico de familia, psiquiatra y excoordinador de la Sección Sueño de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria.

Sin ir más lejos, son los psicólogos los que conducen las citadas terapias cognitivo-conductuales, unos especialistas que escasean en la sanidad pública. En España hay seis por cada 100.000 habitantes, según un informe del Defensor del Pueblo publicado hace apenas un mes. La cifra es seis veces menor que en países como Alemania.

Un arma de doble filo

A pesar de estas recomendaciones, los tres expertos advierten de que en las últimas décadas la mayoría de los casos de insomnio se han despachado a golpe de pastillas para dormir. «Somos un país hípermedicado», denuncia Enric Zamorano. El uso de hipnóticos y ansiolíticos vivió un boom entre 2000 y 2010, década en la que el consumo aumentó un 57%, según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Entre 2010 y 2018 el crecimiento se atemperó y alcanzó el 4,5%.

La doctora Romero entiende que su uso puede ser recomendable en casos puntuales. «En un insomnio agudo, causado por ejemplo por un motivo familiar, se puede utilizar», detalla. «Pero nunca usaríamos hipnóticos en un tratamiento largo si es por el tema del sueño».

Pérez Díaz coincide y define estas pastillas como armas de doble filo. «Generan tolerancia y dependencia», incide. Con el paso del tiempo el efecto cada vez es menor y la dosis requerida mayor. El neurólogo recibe en el centro donde trabaja a insomnes con muchos años de tratamientos que no son inocuos. «Son personas que, a pesar de la medicación, siguen sin dormir bien y tienen problemas de equilibrio, memoria, caídas», amplía. «Pacientes muy sufridos que demandan una respuesta rápida, de ahí que muchas veces se les prescriban estos medicamentos. Y esto no es un problema que permite un abordaje inmediato».

Lucía no ha probado estos medicamentos. «Si tenía un examen cerca trataba de dormir en otro sitio. O tomar melatonina», detalla. Elena, por su parte, los ha probado ocasionalmente. «He tomado benzodiacepinas y otros hipnóticos durante dos o tres días y no me ha gustado», afirma. Coinciden en que no es la solución al problema.

Cómo dormir mejor

Los expertos señalan varias medidas de higiene del sueño. Estas son algunas de las principales:

  • Evita estimulantes como el café o el té cuando se acerque el momento de acostarse. También las cenas copiosas.
  • Mantén una rutina. Sigue los mismos horarios y hábitos.
  • Aleja los dispositivos móviles. Los estímulos luminosos dificultan el sueño. Tamposo tengas a la vista relojes.
  • Ojo con el ejercicio físico. Es un activador del organismo. Viene bien durante el día, pero no antes de dormir.
  • Si te desesperas, sal de la cama y cambia de estancia. Es una manera de no contaminar el dormitorio.

El insomnio de las pantallas

Sin contar los casos crónicos, cerca de un tercio de la población española duerme mal. Que nuestro sueño sea de menor calidad que el de nuestros abuelos tiene que ver con una sociedad de mecha rápida y siempre escasa de tiempo. «Somos seres de 24 horas. Si nos enganchamos a última hora a un chat, a ver vídeos o series o a leer en la pantalla rompemos nuestro ritmo de sueño», analiza la doctora Romero. «Una persona que se ha de levantar a las siete de la mañana tiene que estar pensando en irse a dormir a las once».

Una vez tumbados en la cama, saltar de vídeo en vídeo en Youtube o darse un atracón de episodios no es una buena idea. La luminosidad de las pantallas es uno de los factores que inhibe la secreción de melatonina, el marcador circadiano más potente y el que regula nuestro ciclo de sueño-vigilia. De hecho, muchas apps y sistemas operativos móviles cuentan con espectros lumínicos menos agresivos y estimulantes, los llamados modos noche. «Son conductas que nos rompen los horarios y nos estimulan. Dificultan el sueño», añade la neurofisióloga.

Aún no le damos la suficiente importancia a nuestro descanso. «Vamos privados de sueño. Y eso dispara y disparará nuestros problemas», resume Pérez Díaz. Y tampoco lo admitimos tanto como deberíamos. «‘Estoy muy cansado, estoy muy nervioso’, me solían decir los pacientes», explica el doctor Zamorano, ya jubilado. «‘¿Y qué tal duermes?’, preguntaba yo. ‘Pues mal’. Entonces afloraba el problema. Solo cuando escarbaba».

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2020/05/27/pienso_luego_actuo/1590565777_127264.html

La relación de amor que «curó» la epilepsia

El amor que escoges y el que rechazas te pueden cambiar la vida. Esto fue lo que le ocurrió a Juan Carlos y Carmen, una pareja de Sevilla marcada por la epilepsia, donde el amor entre ellos consiguió curar la enfermedad.

Juan Carlos nunca había podido tener pareja, su epilepsia no controlada desde la infancia precoz le condicionó grandes limitaciones sociales y un trastorno de la personalidad que precisó de seguimiento por salud mental y múltiples tratamientos para los graves problemas de conducta que sufría, además de sus frecuentes crisis.

Aunque su neurólogo le había aconsejado la cirugía como única opción de tratamiento para su epilepsia temporal derecha, siempre se había negado a hablar de ello por miedo a la intervención. Otros neurólogos nunca lo habían considerado. Su epilepsia tenía como origen una malformación del desarrollo cerebral congénita llamada displasia cortical.

Sin embargo, la vida le puso a Carmen en su camino, una mujer sin antecedentes de interés salvo de estar diagnosticada de síntomas ansiosos. Juan Carlos pudo observar que Carmen presentaba unos episodios de desconexión breves durante los cuales tendía a realizar movimientos automáticos de forma repetitiva, muy parecidos a los que él sufría, algo que le alertó.

Cuando Juan Carlos preguntó a Carmen desde cuando sufría estos episodios ella le refirió que desde los 30 años de edad. Habían sido interpretados desde siempre como reacciones de origen «nervioso», siendo incluso estudiada por neurología con estudios de imagen cerebral referidos como normales.

Un día en la consulta de su neurólogo, Juan Carlos comentó a su médico los episodios que presentaba Carmen, describiendo ella que se iniciaban con una sensación abdominal ascendente, se presentaban en número de 3-4 episodios por semana y en ocasiones varios episodios en un día. Un estudio de resonancia nuclear magnética mostró una malformación vascular temporal derecha denominada cavernoma.

El neurólogo inició tratamiento antiepiléptico sin repuesta a dos fármacos diferentes durante un periodo de un año, recomendándole la cirugía de la epilepsia como única opción. Carmen no dudó y se intervino a los 60 años de edad en Centro de Neurología Avanzada (CNA) del sevillano Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz.

Afortunadamente, Carmen consiguió un control completo de las crisis y animó a Juan Carlos a practicarse esta intervención. El paciente se intervino un año después en el mismo centro a los 59 años, tras más de 50 años de evolución de la enfermedad. Además de la curación de las crisis, Juan Carlos redujo la medicación, controlando los síntomas psiquiátricos y mejorando mucho desde el punto de vista cognitivo.

«Un millón de pasos por la epilepsia»

Para los expertos, resulta muy interesante como lo que no diagnosticó la medicina en Carmen lo pudo observar el amor de Juan Carlos, y como lo que no consiguió la medicina con fármacos en él, lo pudo igualmente el amor, convenciéndolo su pareja de que se realizara la cirugía.

La utilidad de la cirugía de la epilepsia es una realidad avalada en todo el mundo en manos expertas, una técnica con bajos riesgos si está bien indicada y con excelentes resultados. A pesar de ello, aún recibimos en las unidades de epilepsia a pacientes con muchos años de evolución de enfermedad, con daños neurológicos y sociales, muchas veces irreparables por la toma crónica de fármacos y la recurrencia de crisis.

Es fundamental mejorar la concienciación social y en el ámbito médico para remitir a estos pacientes tras un año sin control de las crisis a unidades especializadas de epilepsia como la del Centro de Neurología Avanzada (CNA)-Viamed Santa Ángela de la Cruz.

El 24 de mayo se celebró el Día Nacional de la Epilepsia, una enfermedad que afecta a más de 700 mil personas en España y a 50 millones de personas en todo el mundo. Se trata de la segunda enfermedad neurológica más frecuente, sólo por detrás de las migrañas. La Federación Española de Epilepsia (FEDE) ha promovido una campaña llamada «Un millón de pasos por la epilepsia» para concienciar a la población.

El objetivo fundamental de los afectados es eliminar los falsos mitos que existen en la sociedad sobre una de las enfermedades neurológicas más comunes, ya que hasta el 70% de los epilépticos tiene una vida plena y sin crisis.

 

Fuente: https://sevilla.abc.es/salud/sevi-relacion-amor-curo-epilepsia-202005261717_noticia.html

Un artículo co-publicado por CNA entre los más leídos de la revista Acta Neurológica Scandinavica, de gran impacto en Neurociencias.

Hernando Pérez Díaz, neurólogo: ‘Hay que intentar reducir la ansiedad que nos provoca esta situación’

El especialista da unas pautas básicas para mantener un nivel óptimo de sueño y que no lleguen las alteraciones como el insomnio o las pesadillas. Hay dos factores principales: la ansiedad y la falta de cansancio de nuestra actividad diaria. ‘Hay que intentar reducir la ansiedad en la medida de lo posible, desconectar por la tarde noche de esta situación’, recomienda. Mantener una rutina de horarios y de costumbres como desayunar y vestirnos a la hora de siempre, estar expuesto a la luz solar y hacer actividad física son algunos de los consejos. El doctor Pérez Díaz, coordinador de la Unidad de Trastornos de la vigilia y el sueño del Centro de Neurología Avanzada, desaconseja el uso de medicamentos porque ‘son adictivos’. La falta de sueño puede provocar irritabilidad, cansancio, más ansiedad y a largo plazo, puede ser un desencadenante de factores de riesgo cardiovascular como la diabetes o la hipertensión.

 

 

Fuente y audio:http://www.canalsur.es/multimedia.html?id=1572678

 

 

Coronavirus: por qué la pandemia de covid-19 nos está afectando el sueño (y cómo puedes prevenirlo).

La cuarentena o el aislamiento social que se está viviendo en muchos países para evitar la propagación del coronavirus está afectando a nuestros hábitos y nuestro patrón del sueño no se escapa a la nueva realidad.

El neurólogo Hernando Pérez, especialista del Centro de Neurología Avanzada de España, le explica a BBC Mundo que el sueño tiene dos reguladores:

  • El ciclo de luz y oscuridad: si, por la cuarentena, nos estamos despertando más tarde, nos estamos perdiendo la luz solar de la mañana, la cual es clave para que el cerebro sepa que dentro de 12 o 14 horas llegará el momento de dormir.
  • El cansancio: en el transcurso del día nuestro cuerpo se mantiene activo y cuando llega la noche siente la necesidad de descansar. “Pero si hacemos menos actividad física porque estamos encerrados, eso incidirá en nuestro sueño”.

Pérez, quien como sus colegas atiende a sus pacientes a través de videollamadas, ha notado “un repunte del insomnio en pacientes que ya venían siendo tratados”.

La misma situación la ha visto la doctora Celia García-Malo, neuróloga especialista en sueño del Instituto del Sueño de España, quien también ha detectado un mayor número de trastornos del sueño.

Esa institución ha habilitado un servicio de consulta vía telefónica o por videollamadas.

“En las dos últimas semanas hemos recibido más consultas por insomnio”, le señala a BBC Mundo.

Mujer con celular en la cama.

Ir a la cama más tarde

Ambos especialistas están tratando pacientes por lo que se conoce como “retraso de fase”, que se da cuando un cambio en nuestra rutina afecta nuestro sueño.

“Están sintiendo la necesidad de irse a dormir más tarde y, con ello, retrasan la hora de levantarse, con lo cual las horas de productividad tanto a nivel laboral, familiar y social, se están viendo reducidas”, dice la experta.

Otro fenómeno que García-Malo ha estado notando es el trastorno por pesadillas.

“Ocurre cuando el contenido de los sueños es muy realista, muy vívido, o porque reflejan situaciones que nos producen ansiedad. Situaciones desagradables en las que nos cuesta escapar de un sitio, hay un enfrentamiento o una pelea”, señala.

“Este trastorno se ve agravado cuando hay situaciones en nuestra vida diaria que aumentan nuestros niveles de estrés y ansiedad. De alguna manera nuestro subconsciente lo plasma en nuestros sueños”.

Irritabilidad

De acuerdo con García-Malo, estudios han demostrado que las personas que duermen menos horas presentan niveles de ansiedad más elevados.

“Durante el día, estas personas no tienen ganas de hacer cosas, pierden interés en actividades que antes les apetecían, les falta la energía. Se pueden mostrar irritables por la falta de sueño y todo esto, en el marco de la cuarentena, (…) puede complicar la convivencia familiar”.

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Patricia Barato Salvador es psicóloga clínica y coordinadora de Proyectos de BH Bienestar, una red de expertos en el cuidado emocional de las personas dentro de las organizaciones, que funciona en Europa y Latinoamérica.

Según la especialista, durante la cuarentena muchas personas están experimentando el fenómeno de la atención dividida: “Mis recursos están divididos: entre lo que quiero hacer en este momento (trabajar, cuidar a mi familia, llamar a mis amigos) y el querer estar informado de lo que ocurre en el mundo (con el coronavirus)”.

“Es normal que nos sintamos más irritables o que experimentemos impotencia ante lo que está ocurriendo”, porque la sensación de no tener el control es muy fuerte.

La fusión

Barato Salvador ha constatado que muchas personas que se encuentran en cuarentena también experimentan problemas para concentrarse:

“Aunque estoy trabajando en casa y me estoy ahorrando el tiempo de desplazamiento a mi trabajo, en realidad lo que nos estamos encontrando es que tenemos que hacer más tareas en el hogar”.

Otras personas, indica la experta, «se abandonan»: «como no tengo que salir de casa, me quedo todo el día en piyama y se produce una desorganización de los hábitos diarios».

“Puedo hacer las cosas cuando quiera: me despierto cuando quiera, me acuesto cuando quiera, como cuando quiera. Esto al final vuelve loco al ritmo biológico interno”.

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“El estado de ánimo se puede ver alterado. Es común que haya un decaimiento, una tristeza que se va apoderando paulatinamente de nosotros: la inactividad, el no poder desconectarse porque el ambiente laboral se funde con el doméstico”, añade.

La experta también indica que la dinámica de los medios de comunicación más el hecho de que el coronavirus y la covid-19 son fenómenos nuevos, de los cuales se siguen descubriendo características, hace que muchas veces se produzca información contradictoria y eso le genera ansiedad a la gente.

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Si sientes ansiedad por la pandemia, es importante que trates de limitar la cantidad de noticias que consumes y que siempre busques fuentes confiables de información.

Descansar de las redes sociales puede ser una alternativa para relajarte.

Microdespertares

Y la preocupación en exceso no sólo nos lleva al insomnio.

Hay personas que, por ejemplo, están experimentando lo contrario: hipersomnia.

“Tienen una sensación de pesadumbre, de abatimiento, propios de estar metidos en un domicilio por un mes, como ha sucedido en algunos países”.

“Los efectos de la cuarentena conllevan a un proceso de deterioro paulatino”: al principio la gente está en un estado de alerta y de reaccionar rápido, pero después empieza una fase de desgaste”.

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De acuerdo con Barato Salvador, no sólo se trata de la dificultad para conciliar el sueño, sino para mantenerlo: podemos despertarnos varias veces durante la noche porque el nivel de activación que tenemos durante el día es muy elevado.

“Al no estar tranquilo, los microdespertares que ocurren entre cada ciclo del sueño se hacen más conscientes”.

El neurólogo Pérez también habla del despertar precoz, que consiste en despertarse antes y no poder volver a conciliar el sueño por el resto de la noche.

Ser radicales con los pensamientos negativos

Para la especialista en psicología es fundamental que durante la pandemia y la cuarentena se regulen los pensamientos negativos.

Me voy a contagiar, me van a despedir, vamos a estar un año entero en cuarentena”, son ideas que nos pueden provocar mucha zozobra y que afectan nuestro bienestar y nuestro patrón del sueño.

“Son cosas que no han ocurrido, tenemos que intentar centrarnos en lo que está ocurriendo: estamos en casa, estamos bien, tenemos comida, no me han notificado nada de la empresa”, reflexiona.

Para lograr esa regulación, le explica a BBC Mundo, hay que apelar la reestructuración cognitiva, es decir, basarse en datos objetivos y reales.

No se trata de buscar un pensamiento positivo, sino de ser realistas para contener ese miedo anticipatorio”.

La manera de afrontar los pensamientos más catastróficos, los pensamientos que tienden a maximizar un problema, un riesgo, es diferente dependiendo del momento del día:

“Durante el día tenemos que poner el foco de nuestra atención no en lo que pudiese ocurrir sino en lo que está ocurriendo y durante la noche, lo mejor es frenarlos: ‘Ya, basta. Ahora no me toca pensar en esto’. Hay que cortar el pensamiento de manera radical para poder pensar en algo agradable y poder descansar”.

Establecer un «worry time»

De acuerdo con la psicóloga, si los pensamientos negativos son persistentes, es importante tener un “worry time” (tiempo para preocuparse):

“Vamos a establecer un momento del día, nunca de la noche, en el que vamos a dedicarnos voluntariamente a preocuparnos de aquello que nos moleste”, señala.

Los pensamientos se silencian más fácilmente si tienen un momento en el que pueden salir. Así es que si les vamos a permitir que aparezcan en un determinado momento, el resto del día dejan de molestarnos”.

La cuarentena representa un gran desafío para millones de personas, independientemente de la edad, y es clave tener en cuenta que no sé está solo y que se debe pedir la ayuda no sólo de familiares y amigos sino de profesionales de la salud y de redes de apoyo institucionales.

No dejes de comunicarte con tus seres queridos.

“Tenemos que aprovechar este momento, por duro que esto parezca, para trabajar la resiliencia. Esa capacidad del ser humano de superar una experiencia traumática y, gracias a esa superación, poder llegar a un nivel de desarrollo personal al que no hubiese accedido si no se hubiese enfrentado a ese episodio”, dice la psicóloga.

“Es un momento de retarnos, de alcanzar metas, de intentar mejorar nuestras relaciones con nuestras parejas, nuestros hijos, de aprender a generar una rutina, (…) para que cuando nos reincorporemos a nuestros trabajos nos sintamos más fuertes y seguros”.

Es clave tener en cuenta que no sé está solo y que se debe pedir ayuda. 

10 recomendaciones

Tras conversar con Pérez, García-Malo y Barato Salvador y leer las recomendaciones hechas por la Sociedad Española de Neurología “para un buen sueño nocturno y un control adecuado de los trastornos del sueño durante la pandemia por coronavirus”, te presentamos diez recomendaciones:

 Mantén una rutina: establece un horario fijo para ir a dormir y respeta esa hora. El cerebro tiene que tener claro cuándo tiene que estar despierto y cuando no.

– Busca exponerte al sol en la mañana y al aire fresco ya sea por la ventana o por un balcón.

– Queda terminantemente prohibido llevarse una preocupación a la cama: hay que pensar en algo agradable.

 La cama es para dormir: hagamos que el cuerpo vincule la cama con el sueño para que se desactive cuando llegue a ella. Por ejemplo, no trabajes, ni estudies, ni hables por teléfono en la cama.

– Evita las siestas, pero si no puedes, que no duren más de 30 minutos.

– No lleves el celular o la tablet a la cama, no sólo porque su luz inhibe la secreción de la melatonina (hormona clave para relajarse y dormir), sino porque te puedes encontrar un mensaje o información en internet que puede aumentar tus niveles de ansiedad e incertidumbre.

– Haz ejercicios durante el día y evítalo a toda costa poco antes de irte a la cama.

– Trata de relajarte en la medida de lo posible, especialmente antes de irte a acostar. Busca algo que te distraiga y que te ayude a despejar tu mente: meditar, hacer ejercicios respiratorios, escuchar música apacible.

– Pese a la flexibilidad que da el trabajar y estudiar en casa, no te quedes hasta tarde viendo series o películas. El entretenimiento es fundamental, pero “saltarse” la hora de dormir por un maratón de tu serie favorita repercutirá en la hora en que te despertarás y todo tu ciclo del sueño se verá alterado y corregirlo no siempre es fácil.

– Consulta con tu médico o con un especialista si sientes que tus problemas para dormir empeoran, pues es importante tomar medidas a tiempo.

 

FUENTE: https://www.bbc.com/mundo/noticias-52196490

La Unidad de Sueño de CNA, Referencia en Andalucía.

La Unidad de Sueño de CNA dirigida por el Dr. Hernando Pérez, especailista referente en patología del sueño, realiza más de 350 estudios videopolisomográficos al año en una Unidad con los mejores avances tecnológicos y 3 camas de monitorización. Esta unidad cuenta además con 3 enfermos técnicos y un equipo completo de neurólogos, neurofisiólogos y neuropsicólogos. Por ello en el día de hoy el Dr. Abril, ha representado a la Unidad en el programa de tarde de Canal Sur  tratando el tema de los trastornos del sueño en estos días en estado de alerta.

 

La Unidad de Epilepsia de CNA colabora con Conferencia en la presentación de La Asociación Ápice en Huelva.

La Asociación Andaluza de la Epilepsia Ápice ya tiene delegación en Huelva. Ayer por la tarde en el edificio de la Gota de Leche se presentaba esta nueva delegación que tiene como finalidad hacer visible esta enfermedad como es la epilepsia.

Esta asociación sin ánimo de lucro fue creada en el año 2000 para la defensa e integración de las personas con epilepsia y discapacidad y desde ayer cuenta con una nueva delegación en Huelva.La epilepsia que se produce por una descarga neuronal anormal afecta en Andalucía a más de cien mil personas.

La epilepsia es una enfermedad crónica del sistema nervioso central que se manifiesta en forma de crisis inesperadas y espontáneas desencadenadas por una actividad eléctrica excesiva de un grupo de neuronas hiperexcitables.